Un recorrido donde compartiré con mis amigos más preciados todo lo que comí y bebí en el 50º aniversario de mi nacimiento... y en viajes posteriores (ya llegué al 52!)
Esta vez Solano se comió todo su plato. 

Este “Touriga Nacional” de Luis Pato se hace a partir de uvas Touriga, cosechadas allá en septiembre de 2007, con primera fermentación en acero y segunda en botella… Una manteca... Lo recomendaban para acompañar tanto pescados y mariscos como carne asada. Nos vino al pelete… Gran rosadito!
Al rato arrancamos con la degustaçao: Un copete de champú blanco de pinot para acompañar un coctail de mariscos con frutas... ¿exóticas?: almejas, langostinos y unos pulpito bien aliñados y servidos con unos pedacitos de mango y papaya, + unos dátiles enrollados en panceta crocante con una salsita muy piola de naranja, jengibre y espumante… Gut.
Seguimos con una copita de blanco verde sequito muy interesante para acompañar un extraordinario carpaccio de bacalao ahumado, que venía con una especie de salsa criolla pero con una verdurita verde medio rara, con gusto a rabanito –ponéle-, + dos tostadas con queso de cabra fundido apenas (Chevre chaud), oriundo –dijeron- de la granja artesanal Macussa de Setúbal –ponéle otra vez…- y finamente coronadas con un higo marinado en miel… Rico también.

(De más está decir que entre plato y plato, o entre copa y copa, nos refrescábamos el garguero con el patito rosé del comienzo, por lo que la diversidad de valores etílicos nos fue reventando el cerebro y, supongo, también el hígado…).
Llegamos al principal y nos sirvieron sendas copas de tintorro del Douro para meterle a unos “trouxa de alheira de caça em couve lombarda” que resultaron ser unos niños envueltos de repollo verde con chorizo adentro… pero bañados con una salsa que no me copó demasiado. No sé por qué, pero ya no me banco la “salsita boba” de tomate, ese fileto sin sabor que solemos encontrar aquí y allá. La única salsa que me copa realmente es la bologna "de la death” que preparo yo mismo y que mi familia –pobre…- apenas puede tolerar. En fin…
Ade+, y por suerte, un Carpaccio de pechuga de pato con salsa Cumberland (una salsita cítrica con cebollita, mermelada de arándanos o algún fruto rojo, mostaza, jengibre y vino de Oporto!). Bien acá!
A esta altura, ya nos habíamos terminado el patito rosa (más la elegante cata) y llegaron los postres y lo mejor de la niut: un EXTRAORDINARIO Oporto Ruby Reserva Six Grapes de Graham. La primera copa la acompañamos de una tarta de mascarpone con crema de huevo + unas tremendas peras al Oporto Vintage…
La verdad, el Graham’s Ruby Reserva nos voló la capelu tanto, pero tanto, que de ahí en adelante hicimos rondas y más rondas de este maravilloso Oporto hasta desfallecer, y así en dope como estábamos, nos ocupamos igual de recorrer el túnel (en subida!) que años atrás solía bajar el agua hasta el depósito y los piletones, y que hoy está atiborrado de botellas de vino… (http://www.grahams-port.com/section.php?id=186)
Por suerte, estando a apenas media cuadra del departamento..., pudimos llegar enteros.
O casi.
MUY GROSSO…
Los codillos horneados se ofrecen para llevar por apenas 4 euritos cada uno... 4 pesitos! Qué maravilla!!!
(Arte fotográfico coderil: composición de codillo horneado, champanes varios y espejo con autores en la pensión Riedl, en Viena)
(Unos codillos colgados en un surtido puesto del mercado de Salzburgo, muy bien acompañados, por cierto...)
"El Codillo: desarrolle..." - Inquirió Anita con genuina curiosidad.
En aquella "loca" semana madrileña, solíamos atacar, en el Museo del Jamón, el almuerzo "ejecutivo" de la época, que por dos mangos te servía un primero de paella y un segundo de codillo horneado con fritas. Y cerveza, claro. Y a caminar la ciudad -que no se podía volver al depto antes de bien caída la noche...-.
Nótese que las papitas que acompañan las hamburguesas están sabiamente saltadas con unas cebolletas de verdeo, algún pimientito y la consabida y siempre bien ponderada panceta. Y unas chauchitas, como se ve. 

Sí, claro, fuimos al Vaticano. Paseamos por la plaza San Pedro. Entramos a la Iglesia, vimos el museo, los frescos, el arte y tal... Nos llenamos de espíritu católicoapostólicoderitoromano y casi que hasta entendimos aquello que nadie entiende del tres en uno: padre/hijo/espíritu santo...


(Arriba: vistas exteriores. Abajo: interior de la nave central. Hoy es la entrada al edificio, pero en 1898 era la nave de embalaje y expedición.)
(Capilla subterránea donde con mucho gusto me casaría por tercera y ULTIMA vez).

Anécdota del final: terminada la visita nos llevaron a la consabida degustación. Una copa del elegante Jaume Codorníu Brut y otra del EXTRAORDINARIO Codorníu Pinot Noir -rosado- que literalmente me voló la peluca...
Fue en Au Pied de Cochon, extraordinario restaurant especializado en chancho y afines, que nos dimos la comilona del viaje en versión parisina. (Ojo, las pizzas con el amigo Pepe no estuvieron mal, y los atracones de foi y terrinas tampoco, pero el chancho es el chancho, no?). Veníamos por la calle, y apenas divisé el cartel, nos metimos de cabeza.
De arranque, la carta es todo un compendio -una tesis doctoral me atrevo a decir- de como comerse un chancho en decenas de variantes diferentes.
Siguiendo la jornatta, el plato principal: el pie de chancho.
(Fotos: se puede ver el antes y el después del plato del día. Ese pequeño cúmulo de huesitos fueron, hasta hace un rato, una suculenta pata de chancho).